El Uritorco, bello nombre para un cerro plural, pedregoso bajo los pies que lo escalan. En cada alto del sendero, la mirada reconoce un molle, un algarrobo, espinillos, un sauce. Vuelan los chimangos como aquel azor del verso de Huidobro: “Altasor, azor fulminado por la altura”.
Pisar el cerro, marcarlo con los pies es poseerlo, diferenciarlo de la cadena que antes se ha presentado como un todo gigantesco. El Calabalumba resuena en los oídos con el ritmo de su nombre. Se escucha la calandria, las loras pasan con estruendo, un zorzal quiere ser calandria.
Fuente: http://www.turismoenladocta.com.ar
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