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lunes, 16 de enero de 2017

martes, 27 de diciembre de 2016

Muere Vera Rubin, la mujer que encontró la materia oscura, sin llevarse su merecido Premio Nobel


Solo dos mujeres han ganado el Premio Nobel de Física desde 1901: Marie Curie y Maria Goeppert Mayer. Durante décadas ha habido otro nombre femenino en las quinielas: Vera Rubin. Pero la astrónoma, que hizo posible demostrar la existencia de la materia oscura, murió ayer sin su merecido reconocimiento.
Nacida en Filadelfia en 1928, Vera Cooper (su apellido de soltera) mostró un gran interés por las estrellas desde pequeña, cuando las observaba con un telescopio construido por su padre, ingeniero eléctrico. Fue rechazada en la Universidad de Princeton porque no aceptaban mujeres para los estudios de astronomía, pero se graduó en la Universidad Cornell con una tesina sobre la idea de que las galaxias giran alrededor de un centro desconocido en lugar de expandirse hacia fuera, como sugería la teoría del Big Bang.
Vera se había casado con el físico Bob Rubin. Tuvo cuatro hijos y en la década de los 50 alternó la investigación con la maternidad. Se doctoró en la Universidad de Georgetown con una controvertida tesis que señalaba que las galaxias no se distribuían al azar sino que formaban grandes agrupaciones (cúmulos). Su trabajo fue rechazado por las revistas científicas Astronomical Journal y Astrophysical Journal, pero sus hallazgos fueron confirmados 15 años después.
En 1965, Vera Rubin se convirtió en la primera mujer con permiso para usar los instrumentos del Observatorio Palomar. Ese año se aseguró un puesto en el Departamento de Magnetismo Terrestre del Instituto Carnegie. Para evitar más controversias, Vera trasladó su área de investigación al estudio de las curvas de rotación de las galaxias espirales. Empezó por la vecina galaxia de Andrómeda.
Junto con el astrónomo Kent Ford, que había desarrollado un espectrómetro avanzado para medir la velocidad de las estrellas, Vera observó que existía una discrepancia entre el movimiento angular previsto por la física newtoniana y el movimiento angular observado en las galaxias. Las estrellas más externas giraban demasiado rápido como para que la gravedad fuera todo lo que mantuviese la galaxia unida. Tenía que haber al menos diez veces más materia oscura, una masa que no emite luz, que materia visible.
Vera calculó, de manera conservadora, que más del 50% de la masa de las galaxias estaba formada por un halo de materia oscura que se puede inferir a través del efecto gravitacional que produce. Sus resultados fueron presentados a la Sociedad Astronómica Estadounidense en 1975, lo que llevó a los científicos a descubrir que en realidad el 90% de la masa de las galaxias es materia oscura. Hoy sabemos, aun sin haberla observado directamente, que el 27% del universo está formado por esta materia invisible (frente a un 5% de materia visible).
Fritz Zwicky fue el primero en sugerir que existe masa en los espacios que hay entre las galaxias, para la que acuñó el término “materia oscura” en 1933. Jeremiah Ostriker y Jim Peebles demostraron en 1973 que la materia oscura es necesaria para estabilizar las galaxias. Einasto, Saar, Kaasik y Chernin publicaron en 1974 el artículo sobre la materia oscura que cambió la astrofísica moderna. Pero Vera Rubin realizó las mediciones que supusieron en su momento la evidencia más directa y sólida de la existencia de la materia oscura.
Vera murió el 25 de diciembre en Nueva Jersey por causas naturales, según ha confirmado su hija. Tenía 88 años. Hasta el año pasado, la prestigiosa asociación científica Sigma Xi seguía prediciendo que se llevaría el Nobel.

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domingo, 18 de diciembre de 2016

Cannabis medicinal: el aceite de marihuana que le cambió la vida a niños con epilepsia

Hace unos meses la ANMAT autorizó la importación para una nena de tres años, sin embargo en el país está prohibida su elaboración y el cultivo de la planta; historias de familias que luchan en la clandestinidad por aliviar el sufrimiento de sus hijos.
Katrina, Manuel, Josefina y Violeta fueron diagnosticados con epilepsia; después de varios tratamientos fallidos, el aceite de cannabis les mejoró considerablemente la calidad de vida
Cuando Manuel cumplió 9 meses, su mamá notó que hacía unos pestañeos raros. Violeta tenía seis meses y no podía fijar la mirada. Katrina salió de un parto complicado, la falta de oxígeno le provocó daño cerebral y eso trajo aparejadas otras secuelas. Josefina tenía apenas 7 meses cuando sus padres comenzaron a notar que no evolucionaba como todos los niños y que de a poco iba perdiendo su sonrisa y estaba cada vez más seria.

Los padres de estos bebés pasaron por varias consultas médicas hasta obtener un diagnóstico que daría un vuelco en sus vidas: sus hijos tenían epilepsia, en los cuatro casos de un tipo muy agresivo.
"Nos enteramos de que los pestañeos eran convulsiones. Y se hicieron cada vez peor. Manu llegó a tener más de 100 por día. Y cada una lo iba haciendo retroceder en su desarrollo", contó a LA NACION María Daniela Cebey, mamá de Manuel, de 17 años, que tiene epilepsia refractaria ideopática.
Comenzaron los tratamientos con anticonvulsivos. "Los efectos secundarios fueron terribles, le hicieron mucho daño", relató María Daniela. Cuando vio en un documental sobre un chico con epilepsia que uno de los medicamentos que ella le daba a su hijo era tan fuerte que derretía un vaso de plástico, decidió probar con la dieta cetogénica, rica en grasas, que suele usarse en los casos de epilepsia. Manuel tenía cuatro años. "Eso le salvó la vida pero a su vez le provocó una terrible desnutrición y fue muy desgastante. Manu nunca probó una golosina, no comía hidratos. Para los cumpleaños nunca había torta: inventábamos llenar globos con cotillón, pero él ni quería soplar las velitas", recordó María Daniela.
Gonzalo, otro de sus hijos, presentó a la familia una opción inesperada: el tratamiento con aceite de cannabis. "Nos mostró el video del caso Charlotte, la nena de EE.UU. que tenía epilepsia y era tratada con eso. Me costó decidirme. Manu ya era adolescente, y como madre nunca querés que tu hijo consuma drogas", contó María Daniela.
Durante dos años investigó por su cuenta, estudió sobre el tema, consultó a otras madres. "De pronto Manu se volvió muy agresivo, me tiraba de los pelos, nos lastimaba, estaba muy caprichoso. Y luego tuvo una convulsión tan fuerte que pensé que se moría. Entonces me decidí. Tenía que probar ese aceite", dijo.
"Alrededor de un 30 % de los pacientes con epilepsia no responden al tratamiento con fármacos y no son candidatos al tratamiento quirúrgico. Esta situación se asocia a severas consecuencias en la calidad de vida y a un aumento en la mortalidad", explicó a LA NACION Silvia Kochen, médica e investigadora del CONICET.
"Para este grupo de pacientes, en los últimos años se ha demostrado que el tratamiento basado en la planta de cannabis, en especial el cannabidiol, uno de los componentes con mayor presencia en la planta, es efectivo, bien tolerado y seguro en chicos y adultos", explicó la especialista.

Josefina y la Anmat

La ANMAT autorizó a los padres de Jose a importar aceite de cannabis de EE.UU.
La ANMAT autorizó a los padres de Jose a importar aceite de cannabis de EE.UU..
Para la familia Vilumbrales fue emocionante ver que Josefina, de 3 años, agarraba el chupete con su manito y se lo llevaba a la boca. "Algo que para otros padres puede ser muy normal, para nosotros era una evolución enorme", contó Laura, mamá de la niña. "Pasó de tomar 10 pastillas a tomar 2, y estuvo meses enteros sin convulsiones desde que empezó a tomar el aceite de cannabis", explicó.
El caso de Josefina, que fue diagnosticada con Síndrome de West, un tipo de epilepsia grave, se hizo conocido en los medios hace unos meses, cuando la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) le autorizó a su familia importar un aceite de cannabis producido legalmente en los Estados Unidos. Esto significó un cambio de paradigma y podría mejorar la vida de miles de chicos con afecciones a la salud similares a los de Josefina.
Para los padres consultados por LA NACION, esta decisión significa un gran avance, aunque reclaman que el aceite se pueda producir en la Argentina y, sobre todo, que se hagan investigaciones médicas a nivel local.

Los obstáculos para conseguir el aceite

Las familias de Josefina, Violeta, Katrina y Manuel vivieron situaciones similares: probaron todo lo que recetaban los médicos: antiepilépticos, vitamina B6, inyecciones de ACTH y muchos otros tratamientos. Pero las convulsiones volvían y los cuerpos de sus hijos sufrían a causa de los efectos secundarios de los medicamentos, algunos de los cuales pueden causar hepatitis, cálculos renales y ceguera. Entonces se decidieron a probar con aceite de cannabis.
Violeta tiene 16 años y hace unos meses su mamá comenzó a darle el aceite de cannabis; ahora está más animada y sus convulsiones son menos y más suaves
Violeta tiene 16 años y hace unos meses su mamá comenzó a darle el aceite de cannabis; ahora está más animada y sus convulsiones son menos y más suaves.
El problema era cómo conseguirlo. "Te sentís raro, porque nunca te imaginás intentando conseguir marihuana para tu hija, pero Jose llegó a tener entre 200 y 300 convulsiones diarias. Era mucho sufrimiento para una nena tan chica", contó Laura. "Nos regalaron unos cogollos y unos amigos nos ayudaron a hacer el aceite. El cambio fue impresionante", detalló.
Pero el aceite casero se acababa rápido. "Con mucho temor, llegué a cultivar dos plantitas de marihuana. Vivo en Villa Gesell, imaginate con el operativo policial del verano el miedo que tenía. Estaba haciendo algo por la salud de mi nena pero podía tener problemas con la policía", contó Laura.
Luego consiguió que unos amigos le trajeran el aceite Charlotte's Web, denominado así por el caso de Charlotte Figi, una niña que se convirtió en la primera persona con derecho a utilizar cannabis con fines medicinales en Colorado, EE.UU.. Una botellita de 100 ml de este aceite cuesta alrededor de 250 dólares y la duración es de aproximadamente tres meses, aunque varía dependiendo de la dosis que se suministre.
La madre de Manu también pudo conseguir el aceite, al igual que Verónica Fuertes, la mamá de Violeta, de 16 años, que tiene Síndrome de West. "Es un riesgo. Los amigos que se ofrecen a traerlo se ponen en peligro, pero los que conocen lo que sufre tu familia a causa de la epilepsia se ofrecen a ayudar, porque saben que estás desesperada, y porque ven que ese aceite le hace bien a tu hija", explicó Verónica.
FUENTE: 

viernes, 2 de diciembre de 2016

viernes, 25 de noviembre de 2016

Celebran el Registro de Electrodependientes creado en Lomas


Mauro Stefanizzi, papá de Joaco, resaltó la aprobación unánime por parte del Concejo y advirtió que permitirá "visibilizar el tema y pensar en una ley nacional". “Pedimos que esta norma se eleve a Provincia y a Nación, con el compromiso de los legisladores de todos los bloques", señaló a Info Región.

La familia de Joaco Stefanizzi, el pequeño que debe estar conectado las 24 horas a un concentrador de oxígeno, celebró la creación del Registro de Electrodependientes de Lomas de Zamora, luego de que todos los bloques del Concejo Deliberante acompañaran la medida. Para Mauro Stefanizzi es “una satisfacción saber que, por lo menos en Lomas, se hacen cargo y reconocen esta problemática, contra la ausencia del Estado, tanto provincial como nacional”.

“A seis meses, o un poco más, de haber iniciado nuestro reclamo y de haber pedido una solución, todavía no hemos tenido una medida a favor que proteja la vida de nuestros chicos. Y esto va a servir para tomar acciones concretas”, resaltó el papá de Joaco en diálogo con Info Región.

Un tema en agenda. Mauro valoró que la creación de este registro “permite que el tema de los electrodependientes siga en agenda, visibilizándolo y pensando ya en una ley nacional”.

“Este es un gran paso. Pedimos que esta norma se eleve a Provincia y a Nación, con el compromiso de los legisladores de todos los bloques para seguir ampliando esta cuestión y que se empiece a tratar una ley nacional”, completó.

Sobre la norma aprobada. El Registro servirá de monitoreo y control ante eventuales cortes del suministro de electricidad que afecten a electrodependientes. Además permitirá, entre otras cuestiones, “que desde el Estado municipal se desarrollen políticas de inclusión y se garanticen el derecho de estos ciudadanos a una vida digna”, según consigna el cuerpo de la normativa.

A modo de conclusión, Mauro Stefanizzi aseguró que la medida “es funcional ya que servirá para tomar acciones y ver si hay que comprar grupos electrógenos, como se planteó”. “Nos va a permitir tener un conocimiento de cuantos electrodependientes somos, en qué zonas estamos, y así poder intimar a Edesur a que pueda restablecer los servicios”, manifestó.

sábado, 16 de julio de 2016

Teatro y títeres en la fiesta de vacaciones en la UNGS


Comenzaron las vacaciones de invierno y la Universidad ofrece un programa lleno de diversión para cada día. Del 19 de julio al 1º de agosto se realizará la quinta Fiesta de VACAciones de invierno en el Centro Cultural de la UNGS, que ofrece espectáculos con títeres, narraciones, música y teatro para toda la familia. Las funciones serán a las 15 y las 17. El bono contribución es de $40.- (menores de tres años gratis).
También se realizarán visitas guiadas por el Museo Interactivo de Ciencia, Tecnología y Sociedad.
Las actividades se desarrollarán en el Centro Cultural de la UNGS, ubicado en Roca y Muñoz, San Miguel.
Informes: 4451-7924 / 7925

domingo, 26 de junio de 2016

Dr. Salvador Mazza

Nació en la ciudad de Rauch, provincia de Buenos Aires, en junio de 1886 y cursó sus primeros estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1910 se graduó como médico en la Universidad de Buenos Aires. Durante su formación, no sólo se dedicó a la bacteriología, la química analítica y la patología, sino que se desempeñó también como Inspector Sanitario y participó de las campañas de vacunación en la provincia de Buenos Aires. Se doctoró en la misma universidad y fue nombrado bacteriólogo del entonces Departamento Nacional de Higiene. Estuvo a cargo de la organización del lazareto de la isla Martín García (lugar donde los inmigrantes hacían cuarentena antes de entrar al país), un laboratorio cuya función era la detección de portadores sanos de gérmenes de cólera.
A partir de 1916 ocupó el cargo de Profesor suplente de la cátedra de Bacteriología del Dr. Carlos Malbrán, y se hizo cargo de su titularidad cuando el eminente médico renunció. Fue también Jefe del Laboratorio Central del Hospital de Clínicas de Buenos Aires y, durante un corto período, trabajó desde las filas del Ejército en la modificación de la vacuna antitífica que se inoculaba entonces a los conscriptos.

A partir de 1916, Mazza realizó varios viajes a Europa y Africa: visitó los más conocidos centros científicos de Londres, París, Berlín y Hamburgo; trabajó durante algunos meses en el Instituto Pasteur de Argelia, y, en Túnez, conoció e inició una gran amistad con el Premio Nobel de Medicina Charles Nicolle, entomólogo y bacteriólogo que cobró notoriedad por sus investigaciones sobre el Tifus Exantemático a quien definió como "el padre espiritual de todos mis trabajos"


En 1925, cuando Nicolle llegó a la Argentina con el fin de estudiar las patologías regionales y al tanto de las deficiencias del sanitarismo nacional decidió apoyar a Mazza en su proyecto para la creación de un instituto que se ocupara del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades endémicas del país, especialmente las de noroeste, como por ejemplo el Mal de Chagas. Así nació la Misión de Estudios de la Patología Regional Argentina (MEPRA), la institución más importante ocupada de las endemias en el país que alguna vez hubo.

Precisamente, la página principal del accionar científico de Mazza se ligará con la MEPRA y el Mal de Chagas. Esta enfermedad, que actualmente afecta a 24 millones de personas en Latinoamérica y provoca 45 mil muertes cada año, es causada por un parásito denominado Tripanosoma cruzi. El parásito llega al ser humano a través de la "vinchuca" (Triatoma infestans), un insecto que encuentra especiales condiciones para desarrollarse y multiplicarse en las deficientes estructuras habitacionales de vastas regiones de América.

El Tripanosoma cruzi efectúa parte de su ciclo biológico en el tubo digestivo de la vinchuca y su período final de evolución se realiza en la parte terminal del intestino del insecto. En el momento en que la vinchuca pica y succiona sangre en el ser humano, expulsa el parásito sobre la piel; la picazón y rascado posterior facilitan su penetración e ingreso al torrente sanguíneo.

La enfermedad que transmiten las deyecciones del parásito es simultánea a la picadura, que no produce dolor. Se vincula a un cuadro agudo más o menos inmediato y a otro crónico, alejado en el tiempo y de más gravedad. El primero puede no notarse en una gran mayoría de casos, y responde bien a las drogas, que logran una curación completa. De esta fase, que presenta manifestaciones mínimas y puede pasar desapercibida, se pasa lenta y silenciosamente a la más seria que es la fase crónica: entonces se producirán lesiones en el corazón, en el aparato digestivo y en el sistema nervioso central que caracterizaran con diversas manifestaciones a lo que conocemos como enfermedad o mal de Chagas.
El Mal de Chagas fue descubierto en 1909. El brasileño Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas era entonces un joven científico comisionado por el Ministerio de Salud Pública de Brasil para estudiar la presencia de focos de paludismo en el nordeste de su país. Haciendo este trabajo Chagas detectó enfermos que en la sangre presentaban un parásito, tripanosoma, al cual denominó cruzi en honor al investigador brasileño Oswaldo Cruz. Chagas consiguió infectar y reproducir en monos la enfermedad que él observaba en humanos mediante la inoculación de tripanosomas extraídos de la sangre de sus pacientes. Cumplió así los postulados clásicos necesarios para caracterizar a una enfermedad infecciosa: el aislamiento del germen, su asociación con manifestaciones y lesiones que se reiteran y finalmente la reproducción de la enfermedad mediante la inoculación del germen a un animal.
Se ha considerado con justicia a la enfermedad de Chagas como una enfermedad socioeconómica típica, siempre vinculada a la pobreza y el subdesarrollo, ya que existe una relación directa entre la proliferación de los insectos y las viviendas precarias donde pueden establecerse, alimentarse y multiplicarse.
En 1912 Chagas presentó la enfermedad por él descubierta y el resultado de sus estudios realizados en Brasil en los ambientes científicos de Buenos Aires. Pero inmediatamente, cuando se comprobó que su descripción de la sintomatología de la enfermedad era parcialmente errónea, el científico cayó en el descrédito y la comunidad científica argentina supuso que la presencia de este parásito en la sangre era un hallazgo casual y no representaba necesariamente una enfermedad. Hasta que el médico Salvador Mazza la redescubrió y la dio a conocer a nivel mundial.
Mazza no se había mantenido indiferente a los estudios de Chagas y a su transitorio fracaso en Buenos Aires. Quizá los datos aislados y contradictorios que había recibido sobre la nueva enfermedad se sumaron a sus propias investigaciones en animales y lo llevaron a sugerir la creación en nuestro país de un instituto que se dedicara a estudiar las enfermedades propias de la región. Así, en 1928, con el apoyo de Nicolle, organizó la primera Sociedad Científica de Jujuy, entidad dedicada al estudio de las enfermedades propias de la región y que pronto tendría filiales en la mayoría de las provincias del norte, oeste y este argentino.
Luego de este importante paso inicial, en 1928 se creó oficialmente la MEPRA, organismo dependiente del Instituto de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Bajo la dirección de Mazza, la MEPRA contaba con un equipo multidisciplinario que se ocupó de todas las patologías regionales humanas y animales, realizando múltiples actividades terapéuticas, de investigación y docencia. Entre sus múltiples funciones realizaba estudios de laboratorio para los casos clínicos, impulsaba y secundaba reuniones con los médicos de la zona en verdaderas jornadas de extensión universitaria, efectuaba medicina y cirugía experimental en animales, no descuidaba la docencia y atendía sus propias publicaciones.

Jamás, hasta la creación de la MEPRA, se había encarado en la Argentina un relevamiento e investigación biológicos de esta magnitud en el campo de las patologías regionales y con un equipo profesional multidisciplinario, coherente y de tal calidad. Los logros de la Misión trascendieron las fronteras argentinas y se difundieron a países limítrofes, además de ser reconocidos por numerosos científicos de todo el mundo.
Como síntesis de la acción de la MEPRA puede decirse que esta entidad no sólo ratificó la enfermedad de Chagas cuando ésta era negada tanto en el orden nacional como internacional, sino que logró grandes adelantos en el estudio de los síntomas y lesiones causados por la enfermedad.
Además de conducir la MEPRA, Mazza logró que le construyeran un vagón de ferrocarril y que le otorgaran un pase libre para transitar con él por todo el país. Con este vagón equipado con un laboratorio y un consultorio completos que él mismo diseñó, recorrió innumerables regiones argentinas. En su extenso itinerario investigó y asesoró a muchos médicos que requerían su ayuda.

Mazza recorrió el país desde el Lago Argentino hasta el cerro Zapaleri, desde Caleta Olivia hasta Puerto Irigoyen, explorando, enseñando, estudiando sin descanso y sin tregua, haciendo todo de a centenares: extracciones de sangre, cultivos, exámenes serológicos, inoculaciones, biopsias, etc.. Todo lo realizó sin preocuparse por la precariedad de los medios o por lo difícil de las situaciones: desde una punción lumbar en una carpa de un campamento de obreros ferroviarios, hasta una autopsia realizada en el suelo, al aire libre, en una toldería indígena. Se lo podía ver también en villorrios, dando clases o haciendo demostraciones prácticas para uno o dos médicos a fin de interesarlos en el estudio de las endemias rurales.
En el año 1942 Mazza se contactó con Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, con el objeto de obtener un cultivo de penicilio original para intentar la producción experimental del nuevo antibiótico en Argentina. 
Después de varios fracasos y sorteando muchas dificultades, en 1943 la MEPRA logró producir penicilina. Inmediatamente la institución envió muestras al extranjero y así se comprobó que el medicamento obtenido en Argentina estaba a la altura del producido en otras partes del mundo. Sin embargo, el gobierno argentino mostró una total indiferencia ante este logro; lo que resulta asombroso en un momento donde no había en el país ni una ampolla del antibiótico y toda la producción extranjera era requisada para atender las necesidades de las tropas de la guerra europea.
El médico argentino contó con más reconocimiento en el extranjero que en su propio país: en 1944 ya se había publicado en Bélgica una biografía de Mazza, quien al conocer su contenido comentó: "Se dice allí que soy un sabio, pero no existen más sabios. (...) Hubiera preferido que se dijera que soy un hombre tesoneramente dedicado a una disciplina circunscripta y en la cual hago lo posible para no dar pasos hacia atrás..."
De carácter áspero y pasional, al parecer no tenía la habilidad de ganar la simpatía y la protección de los poderes públicos. Estaba muy lejos de lo que se suele llamar "un cortesano del poder".
Salvador Mazza murió en 1946 mientras asistía a unas jornadas de actualización sobre la Enfermedad de Chagas en México. A partir de su muerte, la institución por él fundada sufrió una serie de avatares político-institucionales que concluyeron con su cierre definitivo en 1958. La mayoría del cuantioso material documental de la MEPRA, fruto de más de veinte años de trabajo de Mazza y sus colaboradores, se perdió o fue destruido.

sábado, 7 de mayo de 2016

Cuentamealgobueno

Cuentamealgobueno es un periódico digital participativo de buenas noticias fundado en junio de 2010. Se trata de una iniciativa sin ánimo de lucro que parte de un equipo multidisciplinar de jóvenes andaluces con el fin de crear y ofrecer a toda la sociedad una plataforma para la publicación de noticias positivas.
David Rojas explica cómo crearon éste periódico de buenas noticias: «El proyecto lo iniciamos hace cinco años, época en la que viajaba mucho por trabajo y una de las tónicas habituales de mis viajes era la continua queja de las personas con las que trataba a diario: a pesar de contar con todo lo que mucha gente en este planeta desearía tener, eran infelices, se quejaban por cualquier nimiedad; cuando te encontrabas con ellos y les decías “Manolo, ¿qué tal todo?”, te respondían con una retahíla de sucesos actuales y vivencias personales en las que el componente común era “lo mal que  iba el mundo”, bien sea por lo que esa persona estaba sintiendo en aquel momento o por lo que leía en los periódicos o veía en televisión».
http://www.noticiaspositivas.net/wp-content/2016/05/zeferino.jpg

http://www.noticiaspositivas.net/2016/05/02/que-es-cuentamealgobueno-y-como-surgio/

sábado, 12 de marzo de 2016

Neurobiología del envejecimiento Años y calidad de vida

La Enfermedad de Alzheimer está en crecimiento en el mundo y aún no se ha descubierto su cura. Apenas fármacos paliativos. El equipo de investigadores dirigido por Flavia Saravia estudia zonas cerebrales asociadas a la emocionalidad y a procesos de aprendizaje, que se ven muy afectados durante el envejecimiento, para entender por qué se produce y cómo podría revertirse.

Neurobiología del envejecimiento

Años y calidad de vida

Destacada — por el 26/02/2016 a las 14:48
La Enfermedad de Alzheimer está en crecimiento en el mundo y aún no se ha descubierto su cura. Apenas fármacos paliativos. El equipo de investigadores dirigido por Flavia Saravia estudia zonas cerebrales asociadas a la emocionalidad y a procesos de aprendizaje, que se ven muy afectados durante el envejecimiento, para entender por qué se produce y cómo podría revertirse.

“Nos interesa el rol de la neuroinflamación en el proceso neurodegenerativo del cerebro. Tenemos indicios claros de que, en este proceso, los astrocitos (imagen)  y las células de la microglía son afectados en forma temprana", explican los investigadores.
“Nos interesa el rol de la neuroinflamación en el proceso neurodegenerativo del cerebro. Tenemos indicios claros de que, en este proceso, los astrocitos (imagen) y las células de la microglía son afectados en forma temprana”, explican los investigadores.
Según el informe Estadísticas Sanitarias Mundiales publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2014, la esperanza de vida en la Argentina aumentó un promedio de tres años en el período comprendido entre 1990 y 2012. De esta manera, la expectativa de vida de los varones es de 73 años y la de las mujeres de 77 años. El mismo informe revela que el gasto en salud en el país creció dentro del presupuesto público del 14,4% en el año 2000, al 21,7% en el año 2011. Pero, aun así, existen patologías propias de la vejez a las que la ciencia todavía no se ha logrado doblegar.
“En la actualidad, capitalizando el avance de la medicina, la especie humana experimenta la posibilidad de vivir más años. Pero vivir más no siempre quiere decir vivir bien…”, reflexiona Flavia Saravia, directora del Grupo de Investigación en Neurobiología del Envejecimiento del Departamento de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
El grupo de investigadores estudia el envejecimiento cerebral en presencia de patologías asociadas al envejecimiento, una de ellas es la Enfermedad de Alzheimer.

Esta patología –que es la principal causa de demencia– está en franco aumento en el mundo y no existe cura hasta el momento, solo fármacos paliativos. La edad constituye el principal factor de riesgo, pero el estilo de vida que haya llevado la persona también influye considerablemente sobre la enfermedad.
El foco de la investigación está puesto en estructuras del sistema límbico tales como el hipocampo, la corteza entorrinal y la amígdala cerebral, asociadas a la emocionalidad y a procesos de aprendizaje, que se ven muy afectados durante el envejecimiento y en la Enfermedad de Alzheimer. Los investigadores estudian la interacción de varios tipos celulares entre sí: neuronas, células gliales (astrocitos y microglía) y endotelio cerebral. Las células gliales, genéricamente llamadas glía, no sólo funcionan como soporte de las neuronas, también intervienen en el mantenimiento de la homeostasis cerebral y en el procesamiento de la información.
Carlos Pomilio, Juan Beauquis, Florencia Todero, Flavia Saravia y Angeles Vinuesa.
Carlos Pomilio, Juan Beauquis, Florencia Todero, Flavia Saravia y Angeles Vinuesa.
“Nos interesa el rol de la neuroinflamación en el proceso neurodegenerativo del cerebro. Tenemos indicios claros de que, en este proceso, los astrocitos y las células de la microglía son afectados en forma temprana y que esto depende de su localización y del grado de avance de la neurodegeneración. Una de las características de esta enfermedad es la aparición de depósitos extracelulares formados principalmente por proteína beta amiloide, conocidos también como placas seniles”, explica la investigadora.
Los investigadores han comprobado que, a través de distintos mecanismos, varios tipos celulares intentan degradar este material que altera la forma en la que se encuentran ordenadas las células cerebrales e impide la conectividad neuronal. Recientemente, han publicado un trabajo en el que dan cuenta de que las células de la glía que rodean los depósitos utilizan la autofagia para intentar eliminar el beta amiloide.
Otra de las líneas de trabajo investiga la posible participación de la microvasculatura cerebral, que forma parte de la barrera hematoencefálica, y su participación en el inicio de la inflamación y en el metabolismo del amiloide. La función de la barrera hematoencefálica está relacionada con restringir la entrada y salida de determinadas moléculas y su deterioro está relacionado con el envejecimiento.
Al equipo de Saravia le interesa también observar la asociación de las patologías asociadas al envejecimiento con desórdenes metabólicos que funcionan como factores de riesgo para su desarrollo. “El paciente obeso o con diabetes tipo 2 tiene mayor riesgo de padecer Alzheimer. Esto nos resulta muy interesante porque hasta hace poco tiempo no se sabía que un desorden metabólico podría también tener efectos nocivos en el sistema nervioso central, en particular en áreas vulnerables durante el envejecimiento, como las mencionadas anteriormente, del sistema límbico”, sostiene la investigadora. Por esta razón, otra línea de trabajo explora el efecto de consumir una dieta de alto contenido graso durante la juventud sobre el sistema límbico adulto y estudia alteraciones en el comportamiento; en particular si se afectan ciertos aprendizajes y aspectos emocionales. “Hemos comprobado, en animales que presentan resistencia a la insulina en tejido cerebral y que muestran signos de neuroinflamación central moderada, que la capacidad de generar nuevas neuronas en el hipocampo durante la adultez se ve claramente disminuida. Actualmente estamos trabajando en identificar cuáles serían los mecanismos implicados”, afirma Saravia.
El equipo aborda el estudio de patologías humanas asociadas al envejecimiento de manera experimental, utilizando animales de laboratorio; aunque está en sus planes incorporar el estudio de material proveniente de cerebros humanos. El enfoque elegido les permite relacionar modificaciones conductuales con cambios moleculares, celulares, morfológicos y funcionales en determinadas áreas y subáreas del cerebro asociadas a procesos cognitivos y emotivos, que se ven afectados en el envejecimiento. “La identificación de las vías principalmente involucradas permitirá su potencial regulación”, afirma Saravia.
http://nexciencia.exactas.uba.ar/neurobiologia-envejecimiento-vejez-alzheimer-hipocampo-cerebro-sistema-limbico-amigdala