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viernes, 10 de abril de 2015

Hacer ciencia: una pasión que no se extingue, desde Houssay hasta nuestros días

La rutina de cuatro investigadores asistentes del CONICET que se desempeñan con entrega en las cuatro grandes áreas de conocimiento.

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El diccionario define a la pasión como un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. Y aunque no esté como requisito para ingresar en la Carrera del Investigador Científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la pasión es una de las características que mejor describe a la mayoría de los miembros del organismo. En su profesión, ellos pasan más de ocho horas diarias en el laboratorio sin chistar, relegan vida social, amigos, familia y llegan a trabajar, con gusto, los fines de semana.
En el Día del Investigador Científico, que se celebra hoy en conmemoración a que 128 años atrás nacía el científico más destacado de nuestro país, Bernardo Houssay, primer Premio Nobel de América Latina y creador del Consejo, cuatro investigadores asistentes –uno por cada gran área temática: ciencias agrarias, ingeniería y de materiales, ciencias biológicas y de la salud, ciencias exactas y naturales y  ciencias sociales y humanidades- cuentan cómo es dar los primeros pasos en el escalafón inicial de la carrera científica. Ellos, una vez avanzada su experiencia y trayectoria, irán subiendo escalones: pasarán a ser investigadores adjuntos, luego independientes, principales, y por último, superiores.
“Para una voluntad firme, nada es imposible, no hay fácil ni difícil –decía Houssay-; fácil es lo que ya sabemos hacer, difícil, lo que aún no hemos aprendido a hacer bien”. Las historias de vida recopiladas a continuación dan muestras sobradas de ese afán de superación que evocaba Houssay: de cómo la pasión por lo que se hace permite trascender todos los obstáculos.

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