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miércoles, 7 de noviembre de 2012

En busca de las causas del autismo

El Jinete Hipotético es solitario, pero no autista, y se interesa por esa terrible enfermedad. Por eso cabalga hasta la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, para averiguar qué es lo que están haciendo allí y cómo estudian las causas del autismo.


Por Leonardo Moledo
–Hola, yo soy el Jinete Hipotético.
–Y yo soy Amaicha Depino, doctora en biología.
–Por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.
–E investigadora del Conicet, no se olvide.
–Cierto. ¿Y en qué trabaja?
–Trabajo en un modelo animal de autismo.
–Cuénteme un poquito sobre eso.
–Tratamos de estudiar cuáles son los mecanismos que regulan algunos de los comportamientos que están relacionados con la enfermedad del autismo en humanos. Son principalmente los que tienen que ver con la sociabilidad y con algunos de los comportamientos que se conocen como estereotipados o repetitivos.
–¿Se sabe en humanos cuál es el conjunto de elementos biológicos que generan la enfermedad?
–En humanos, hasta hace muy poco ni siquiera se la trataba como una enfermedad con bases biológicas; esquivaba bastante a la fisiología. Recién en los últimos veinte años empezó a verse que era un problema biológico y recién en los últimos diez se empezó a pensar que se podían usar modelos animales para estudiar qué era lo que pasaba.
–¿Qué modelos animales usan?
–Usamos ratones. Básicamente los exponemos a una droga (el ácido valproico), que es un anticonvulsionante.
–Se usa para epilepsias, ¿no?
–Sí. Lo que se vio hace unos años es que mujeres que eran tratadas por epilepsia y lo tomaban durante el embarazo tenían una muy alta incidencia de hijos con autismo. Entonces, hace unos pocos años se probó qué pasaba si se inyectaba durante la preñez a ratonas o ratas y se vio que las crías efectivamente tenían bajos niveles de sociabilidad. Entonces se empezó a usar como modelo de autismo a las ratas.
–Y una vez que se supo eso...
–Hecho el modelo, ahora estamos tratando de ver qué es lo que pasa en el desarrollo del cerebro que hace que esos animales sean menos sociables.
–¿Y qué es lo que pasa?
–La verdad es que todavía no se sabe mucho.
–Bueno, pero tendrán alguna hipótesis, alguna idea.
–En particular, nosotros estamos estudiando la inflamación en el cerebro y tratando de ver si ése puede ser uno de los mecanismos a través de los cuales se modula o cambia el desarrollo del cerebro.
–¿Inflamación de qué?
–Inflamación a nivel de tejido nervioso, la activación glial y la expresión de citoquinas.
–Y eso es producto del ácido valproico.
–No solamente. Esas crías, aun cuando son adultas, tienen signos de inflamación en el cerebro. Nuestra hipótesis es que esa inflamación está alterando el funcionamiento normal del cerebro.
–¿Y qué resultados están obteniendo?
–Sabemos eso, que los animales expuestos a ácido valproico tienen inflamación en el cerebro, acompañada de una menor sociabilidad, y lo que estamos tratando de estudiar es qué pasa si nosotros modulamos eso, si habrá algún efecto en la sociabilidad.
–Usted está buscando resultados. Pero ahora vamos al terreno de la hipótesis.
–Bueno, mi hipótesis es que en general los seres humanos tenemos distintos niveles de sociabilidad y distintos niveles de comportamientos en general. Si estamos dentro de un cierto promedio se nos considera normales y si nos vamos a alguno de los extremos empiezan a aparecer las patologías. Lo que hace el autismo es llevar estos comportamientos hacia un extremo en el cual tienen grandes problemas de interacción con otros pares.
–¿Es sólo eso el autismo?
–No, es varias cosas más. Pero lo bueno de trabajar con modelo animal es que podemos dividir una enfermedad en pequeñas preguntas que son más abordables.
–¿Es una enfermedad o son muchas?
–Es un síndrome, así que son muchas. Son muchas y en distintos grados. En particular, cuando yo uso un modelo animal, lo que hago es concientizarme de que estoy estudiando sólo una partecita de la enfermedad. En particular, algo que pasa con los ratones es que son muy sociables. Un ratón poco sociable es raro.
–¿Cómo mide la sociabilidad de los ratones?
–Cuando uno pone un ratón nuevo, por ejemplo, en general el resto de los ratones va a conocerlo. Los ratones que han sido expuestos a ácido valproico no lo hacen, evitan eso.
–¿Cómo es eso?
–Los ratones son animales sociables y curiosos. Cuando se presenta un ratón nuevo, el ratón que no lo conoce va a ir a inspeccionarlo, a ver quién es, cómo es, si tiene que eventualmente pelearse por espacio, si tiene que aparearse. Tiene interés por saber quién es ese ratón nuevo y desconocido.
–Ese es un ejemplo de sociabilidad.
–Sí.
–¿Hay algún otro?
–Ese es en general el test que usamos nosotros. Después, lo que se puede estudiar es el apareamiento, que es otra forma de sociabilidad, o el establecimiento de jerarquías, pero ahí en general se asocia más con agresiones y por eso no lo usamos mucho en el modelo de autismo.
–Recapitulemos: usted piensa que el ácido valproico produce una inflamación en el cerebro y esa inflamación influye sobre la sociabilidad. Hablar de inflamación del cerebro es algo muy general...
–Sí, y tal vez pueda explicar por qué hay tantas causas distintas de autismo, tanto genéticas como ambientales. Todas podrían llegar a confluir en una inflamación del cerebro que afecte la sociabilidad.
–¿Y qué otras causas se supone que hay?
–Se supone que es una suma de una susceptibilidad genética que está dada por muchos genes distintos. En general son genes que hacen muchas cosas, como factores de transcripción... las causas ambientales también son muchas causas distintas.
–¿Por ejemplo?
–Virus, infecciones bacterianas en períodos críticos de desarrollo, intoxicaciones por metales pesados. Todavía se está estudiando esto.
–Es tan general que no dice mucho.
–Claro. Por eso nuestro intento es tratar de encontrar un plano más chiquito con el que trabajar, poder llevar toda esa multicausalidad a algo más concreto y estudiable.
–¿Hay formas de curar el autismo?
–Por ahora, lo que más funciona es la estimulación temprana, empezar muy temprano a estimular a los chicos de manera social. Hacerlos interactuar con otras personas, hacer actividades colectivas. Pero a nivel biológico no hay drogas que curen el autismo.
–Tampoco se sabe bien cuál es la transformación fisiológica que está en la base de todo.
–Y por eso es muy difícil buscar un tratamiento.
–¿Qué es lo más que puede conseguir un chico autista con estimulación temprana?
–Lo que pasa es que el autismo es una enfermedad tan amplia que hay chicos que pueden llegar a tener vidas completamente normales. Pero la verdad es que yo no trabajo con humanos.
–¿Pero eso se ve en los ratones también?
–Bueno, si hacemos crecer a los ratones “tratados” con ácido valproico con ratones normales, son más sociables cuando llegan a adultos. Es nuestro experimento más lindo, porque nos hace pensar que la resolución del problema no corre sólo por el lado de la biología, sino que socialmente también se puede.
–Es razonable pensar que pase algo así.
–Bueno, sí. Pero es una respuesta a algo que es fisiológico: poder modularlo ya en la adolescencia a través del estímulo social es bastante novedoso.

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